La pava no es la señora del pavo

Notas sobre los capítulos 3, 4 y 5 de La magia de la palabra. Guía para la escritura en español.

Para lograr un buen estilo, el escritor o escritora debe dar igual peso a lo que se incluye como a lo que se excluye. Siguiendo tal principio, en estos capítulos dedico varias páginas no solo a la eliminación de lo inapropiado sino a las varias estrategias para lograr excelencia en el estilo. Para quien prefiera escuchar, el siguiente video dará la pauta del contenido de algunos capítulos.

En cuanto a la necesidad de exclusión de elementos que desmejoran un texto, en el capítulo tres me refiero, entre varios temas, al lenguaje estereotipado, sexista y prejuicioso; y a los clichés, truismos y otros lugares comunes que a veces se escriben por hábito, sin analizar su contenido. Creo que el enunciado socrático “Una vida no examinada no vale la pena ser vivida”,podría parafrasearse como: “Una idea no examinada no vale la pena ponerla por escrito”.

En el mismo capítulo advierto sobre el uso y abuso del lenguaje coloquial o regional, porque esto ha sido motivo de ciertas amigables discusiones con mis colegas. Propongo que, mientras el léxico y la gramática del personaje deberá reflejar el de su grupo social, étnico y regional, el narrador tendrá que mantener un español estándar (a menos que sea un narrador en la primera persona, un Yo que es asimismo protagonista de la historia).

 En cualquier caso, si el texto abunda en una jerga no común al lector hispanohablante, puede que se necesite un glosario o explicación al pie de la página. Un chileno no sabe lo que son los huaraches y un mexicano no sabe lo que es la “pava” (que, de hecho, no es la hembra del pavo, sino la tetera o escudilla para cebar mate en Argentina y Uruguay).

Advierto asimismo acerca de las cacofonías (te traje un trapo para limpiar los trastes, por ejemplo, aunque, hablando de “trastes”, en Argentina es otra cosa…); de los pleonasmos, (subió arriba, entró adentro, etc.) y de las simetrías automáticas en la prosa, como hace Florentino Ariza en la novela Amor en tiempos de cólera del maestro GGM. 

Además de estos vicios del lenguaje, señalo otros problemas comunes a los escritores de nuestro medio, tales como los anglicismos y el abuso de la voz pasiva, ambos por contagio del idioma anglosajón.

El capítulo 4 lo dedico a combatir la  “verborragia”, lo que incluye  las oraciones innecesariamente extensas u ornamentadas, las repeticiones, el lenguaje grandilocuente y afectado y, en especial,  lo superfluo y redundante, que tanto brillo quitan a un trabajo literario.

Me consta que es especialmente penoso para el escritor tener que deshacerse de aquellas frases estupendas que tanto lo entusiasmaron en un principio. ¿Cómo voy a cortar esta explicación tan necesaria y este pensamiento magnífico?

A veces no son más que una torrencial lluvia de adjetivos o adverbios; otras veces, las explicaciones que no aportan nada a la narrativa. Mi esperanza es que el autor o autora se convenza de que no es necesario decir, por ejemplo, “me puse el pijama antes de ir a dormir”; a menos que sufra de sonambulismo y lo haga después…

A cada paso me aseguré de incluir algunas estrategias para combatir estos excesos, e ilustrarlas con ejemplos.

Pero mi mayor—o tal vez única—contribución original en este campo, es la mención y elaboración de una estrategia totalmente novel, al menos en la escritura en español, que introduzco en el capítulo 5: el E-prime.  Se trata de un concepto ideado por el lingüista David Bourland, que consiste en expresarse excluyendo todas las formas del verbo to be en cualquiera de sus conjugaciones y tiempos. En mi experiencia, el E-prime sirve de herramienta para aclarar el pensamiento y fortalecer el texto. Lo he aplicado, en nuestra lengua con la substitución de sus equivalentes, los verbos SER y ESTAR, y ampliado al uso de otros verbos “anémicos”, como el HABER y el TENER.

Invito a mis lectores a contar hoy una breve historia o describir una escena a algún interlocutor que se avenga a escucharlo, sin usar los cuatro verbos citados en ninguna de sus formas y derivaciones: ser, estar, haber tener.

¡Buena suerte!

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